Diez llaves. Ningún vecino.
Un hotel pequeño a propósito, sobre 180 metros de playa privada entre la selva y el Caribe. Nunca hay más de veinte huéspedes en la propiedad.
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Se construyó alrededor de los árboles que ya estaban
No se taló una sola ceiba. El plano se dibujó tres veces hasta que las diez suites cupieron entre lo que ya crecía aquí, y por eso ninguna queda alineada con otra.
El agua se capta de lluvia y se filtra en sitio. La madera es de derribo, recuperada de casas viejas de Bacalar. Y el personal es de los dos pueblos vecinos: nadie viene de fuera a explicarte dónde estás parado.
— Familia Arceo, desde 2011
Diez suites, ninguna igual
Pasa el cursor para abrir el abanico, o desliza en el teléfono. Cada tarjeta cambia la ficha de abajo.
Lo que se hace estando aquí
Se reservan en recepción con un día de anticipación. Los cupos son cortos a propósito.
Un menú, y cambia todos los días
No hay carta. El chef compra en el muelle a las seis de la mañana y decide con lo que hay. Si no entró pesca, no hay pesca: eso también es parte.
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La propiedad
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Lo que se llevan
Reseñas ficticias, incluidas solo como muestra del formato de este sitio de ejemplo.
Preguntas frecuentes
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